

Hace años le compré a Aureliano Noises Furia fotocopiada. Historia incompleta de fanzines patagónicos. Mientras charlábamos sobre la filosofía DIY —“hazlo tú mismo”—, la independencia creativa y todo lo que había detrás de esas publicaciones, le conté que algún día yo también quería escribir algo. Entonces me regaló un montón de fanzines, fotocopias y publicaciones que habían circulado de mano en mano. Las guardé. De vez en cuando las miraba, las leía y las volvía a guardar.

Hoy, mientras
armaba Punk Roto
las saqué de nuevo
Volví a releer esos relatos de resistencia que muestran cómo los sectores sociales, populares y en lucha tuvieron que rebuscárselas no solamente para escribir, sino, sobre todo, para hacer circular lo que escribían.

Y detrás de cada página había trabajo.
Algo que me interpeló fue cómo tuvieron que organizarse para crear una alternativa autosustentable. Pero alrededor de esas publicaciones ocurrió algo más: se fueron armando redes de amistad, trabajo y compañerismo que hicieron posible la socialización de esos trabajos escritos.
Diseñar a mano. Escribir a máquina. Recortar. Pegar. Fotocopiar. Más tarde usar una computadora. Imprimir. Encuadernar. Y después salir a recorrer la Patagónia.
Mientras miraba todas esas fotocopias desparramadas sobre mi mesa, me encontré con Audre Lorde, poeta, ensayista y activista estadounidense, una figura fundamental del feminismo negro y lésbico. Al lado, un fanzine anarco-punk. Más allá, un texto sobre infancia. Otro sobre pieles. Poesía obrera. Publicaciones latinoamericanas. Collages. Dibujos. Manifiestos
Es increíble pensar cómo esas imágenes de archivo, entrevistas y escritos recorrían el territorio gracias al correo postal y las manos de los viajeros. Particularmente, me gustó muchísimo volver a las publicaciones de movimientos sociales que intentaban romper con lo establecido y denunciar las fallas del sistema. Relatos anarkistas que todavía vivían en la “clandestinidad absoluta”, porque el paso de la dictadura a la democracia estaba marcado por una época oscura, difícil de dejar atrás.
(04)
Todo mezclado.
Todo conviviendo.


Y quizás eso sea lo que más me gusta de volver a abrir este archivo tantos años después.
No hay una única voz ni una única forma de contar. Hay personas que, con lo que tienen a mano, deciden que algo merece ser escrito y puesto a circular.
Hoy tenemos otras herramientas. Una publicación puede atravesar el país en segundos. Pero mirando esas hojas gastadas, algunas torcidas, otras amarillentas, pensé que hay algo que no cambió demasiado: las ganas de hacer circular una voz.
De hacer ruido.
Y ahí entendí que esas fotocopias que guardé durante años no estaban solamente contando una historia.
De alguna manera, también estaban abriendo la puerta para contar Punk Roto.